lunes, 12 de agosto de 2013

Lunes de locales y nacionales



Caballos comiendo caballos


Caballos comiendo caballos
Hostiles caballos provocándose el vómito
Metiéndose el dedo
Unos a los otros
La pezuña en la boca
Y el gesto de nostalgia
Que suele poner
El que tira su ventana para entrar a la vida
Caballos repulsivos con lentes de señora
Atraviesan la noche
Puedo oír su quejarse continuo
Tienen calor por andarse haciendo listos en los bares
Por confiar en su futuro en las carreras

Ningún caballo gana porque ningún caballo apuesta por sí mismo

Caballos montados por un tipo delgado de tristeza
Caballos devolviendo el estómago
Exigiendo su dinero de vuelta
El dinero que no apostaron en el catecismo
Porque este día salieron de casa
Sin que mamá se diera cuenta
Caballos pidiendo limosna para los pobres caballos

La decisión de los caballos más viejos
Caballos perdedores que siguen diciendo
Que se van a romper un tobillo por el amor de una mujer
Y todos los caballos que trotan por encima de ti
Puedes verlos a los ojos, saben que te están haciendo daño
Se llaman a sí mismos malos hijos, malos padres
Porque los caballos que comen caballos
Suelen tomarse en serio la publicidad de las mariposas
Pero nadie es libre.



                                                                         Jehú Coronado
                                                                         (Monterrey 1987)

Pág. 23
Rifle 
Bakcheia 2012


 

Ilustración: Elías Calvillo Villegas

sábado, 10 de agosto de 2013

Sábado de clásicos



Ángeles caídos


“¿Quiénes son?”
“Ángeles caídos que no eran bastante buenos para ser
salvados, ni bastante malos para ser perdidos”, dice la
gente del pueblo.

Llegan a mi limpia hoja
de papel y dejan una mancha Rorschach.

No lo hacen por crueles,
lo hacen para darme un signo—
quieren forzarme, como dijo una vez Aubrey Beardsley,
a moverlo hasta que algo salga.
Aunque soy torpe,
cumplo.
Pues soy como ellos—
salvada y perdida a la vez,
cayendo como Humpty Dumpty
abajo del alfabeto.

Cada mañana los corro de mi cama
y cuando se meten en la ensalada,
revolcándose en ella como un perro,
los entresaco uno por uno
así como mi hija
entresaca las anchoas.
En mayo bailan sobre los junquillos,
gastando los dedos de sus pies
riendo como peces.
En noviembre,
mes del pavor,
chupan su niñez de las moras
y las vuelven agrias e incomibles.

Sin embargo son compañeros.
Distribuyen su magia
de Salvavidas Surtidas
y hacen menearse la vida.
Me acompañan al dentista
y protegen del taladro.
Al mismo tiempo,
van conmigo a clases
y mienten a mis alumnos.

Oh ángel caído,
compañero dentro de mí,
susurra algo sagrado
antes de que me pellizques
hasta el sepulcro.



                                                             Anne Sexton
                                                            (Estados Unidos  1928 – 1974)




Pág. 51 
Poemas de Ángeles caídos
José Ángel Leyva (Compilador)
Poesía en el ANDÉN
Alforja 2006

lunes, 5 de agosto de 2013

Lunes de locales y nacionales



Avenida División del Norte


La camioneta de mi padre
remolca el auto descompuesto en el que voy
cruzando inundaciones
que ahogan el sur de la ciudad.
En los techos, la gente mira la tormenta
y las estelas de agua de los muros
se muerden unas a otras.
La camioneta de mi padre
abre en dos la turbiedad,
las vocales de la noches,
los mantos de aceite de las olas
que se acercan a tocarla.
Siento la gasolina que se quema
y el torque del metal, siento que mi padre tiene miedo
peleando adelante contra el año, contra el siglo.
Y me abre paso y me llama en sí para avanzar
a las fuerzas que desde antes de los hombres
azotan a la piel que no tenemos.
Y estas fuerzas, estos colosos sin mirada ni persona
se fustigan uno a otro con el tenso
alambre de nuestra voluntad
y no saben ni siquiera
que avanzan chocando ojo a ojo
hechizados por el frío y por el rayo
en direcciones opuestas por la nada.


                                                                 José Luis Rico
                                                                (Ciudad Juárez, 1987)
  


Pág. 21
Dunas
FETA
Colección La ceibita 2013

sábado, 3 de agosto de 2013

Sábado de clásicos



Huyendo

Después de que matates a tu hermano,
después que lo volvites cecina,
que te echates las tripas por el cuello y bufabas
después que se te hizo poco para quitarle pedazos
y darle más y más tajos.

“Hay que rezar la oración, hay que rezar la oración”.
Y te volvites hormiga y cuando pasaban los guardias
te metías bajo las matas
y te volvías gusano y te subías
por las tapias
y las tapias estuvieron llenas de sangre y por la noche
brillaban
y se oían salir quejidos del monte.

Te fueron a buscar por los chaos y
te buscaron por el monte y
“Hay que rezar la oración, hay que rezar la oración”
y comenzaba a llover y se ponía todo
resbaloso,
y se resbalaba la gente en los huesos de tu hermano y las costillas de tu hermano
que brillaban por la noche
sobre los cerros.

No comás hígado por estos días,
no comás tripas, no comás
sesos,
no comás carne por estos días
porque te vas a comer el hígado y las tripas y los
sesos de tu hermano
y te vas a estar con una espina de mapurite;
con una espina de mapurite clavada en la garganta, clavada en
la boca del estómago,
clavada en la nuca, clavada en las vergüenzas.

Mira que el campanero repica y habla la boca de tu hermano
y que juegan baraja y se apuesta una pierna de tu hermano
y que bailan y toca la mano de tu hermano
y que silban y son los labios de tu hermano
y que muerden y son
los dientes de tu hermano.

Hasta que aparecítes,
hasta que te trajo el río,
hasta que después del aguacero te trajeron las aguas
y no tenías ojos.


                                                                    

                                                                                                Ramón Palomares
                                                                                                (Escuque 1935)



Pág. 75
Vuelta a casa
Antología
Fundación Biblioteca Ayacucho
Colección Clásica
República Bolivariana de Venezuela, 2006.