miércoles, 1 de abril de 2015

Patio de locos (fragmentos)



9

los locos no se dan gusto a sí mismos
prefieren masturbarse mutuamente
tienen las manos sucias entran en confianza
todos ellos son iguales en la mugre
pero irrumpe de pronto la enfermera
la enfermera gordita la nueva la que fuma
oliendo a su colonia
a colonia y tabaco y bus del centro
y el alboroto cesa las manos se retiran
hay algo más al fondo
que se ríe en voz baja desde nadie


14

¡escarabajo! insiste
el loco que se arrastra por el patio
pero nadie parece comprender
esa premonición
(¿el narrador sabrá?)
todos miran al cielo con el labio colgando
otro loco se traga el sol y eructa
el doctor nube pasa
se interesa
¿y por qué escarabajo?
al profeta le entra un ataque de furia
hay cosas que se aplastan si se explican


18

al loco veterano no le gustan
las libretas que tiene el loco astuto
porque están todas llenas
de dibujos obscenos frases notas
la letra no se entiende y hay palabras
que son impronunciables
¿pero qué mierda escribes? pregunta el veterano
¿no ves que así no hay nadie que te entienda?
¡viejo idiota! le escupe el loco astuto
¿te asusta que podamos entenderte?
insiste el veterano ¿te da miedo?
un poco sí correcto se incomoda el astuto
el otro dice
yo lo que tengo es miedo de morirme


24

el celador es hombre de palabras adentro
se acostumbró hace años a charlar con la noche
con el pasillo feo la radio mosquitos
(eso es preferible piensa él
que intercambiar delirios con muñecos drogados)
conoce lo que opinan los enfermos de él
no es idiota ni sordo (aunque querría)
¿sabrán ellos
esos putos autómatas babosos
el trabajo que cuesta una familia
cuidar no que te cuiden oler a mierda ajena
dormir en una silla no vivir en un sueño
de sedantes tener muy claro siempre
que no hay otra cosa que lo que ven los ojos?
¿que lo real es esto esta basura?
si al menos la enfermera me diese su teléfono


32

el doctor nube sale
dando pasos muy corto
le cuesta abandonar ese perímetro
donde al menos se saben quién es quién
don al menos él sabe quién es él
a través del bolsillo va palpando
las llaves de su coche
le alivia comprobar que tiene tiempo
que tiene gasolina en el depósito
que puede llegar lejos hay bares hay moteles
el doctor nube cruza
la tierra mal regada del patio de los locos
sin darse cuenta de que todavía
lleva su bata puesta




Patio de locos
Andrés Neuman
Textofilia ediciones
México, 2011

domingo, 22 de marzo de 2015

Cancionero



Libertad


(Falta una cita de Séneca)
¡Ay qué placer
no cumplir un deber,
tener un libro para leer
¡y no hacerlo!
Leer es una lata,
estudiar es nada.
El sol dora
sin literatura.
El río corre bien o mal,
sin edición original.
Y la brisa, ésa,
de tal naturalmente matinal,
como tiene tiempo, no tiene prisa...
Libros son papeles pintados con tinta.
Estudiar es una cosa en que está indistinta
la distinción entre nada y cosa ninguna.
¡Cuánto mejor es cuando hay bruma,
esperar a D. Sebastián,
¡venga o no venga!
Grande es la poesía, la bondad y las danzas...
Pero lo mejor del mundo son los niños,
las flores, la música, el claro de la luna y el sol,
que peca
sólo cuando, en vez de crear, seca.
Por encima de todo esto
está Jesucristo,
que no sabía nada de finanzas,
ni consta que tuviese biblioteca.



Fernando Pessoa  

martes, 17 de febrero de 2015

Ciclo Jorge Fernández Grandados



Genética


resucitarán los muertos

pero sin recuerdo alguno

verán su cara con la sonrisa y la sorpresa  de la primera vez como los niños

creerán que crecen y volverán a aprender lo que ya saben pero cada vida olvidan

volverán a vivir equivocándose

volverán a buscar lo inencontrable

y parecidos (idénticos) a ti y a mí

un día que ya los espera volverán a tener miedo de la muerte



Jorge Fernández Granados (Ciudad de México, 1965)

martes, 10 de febrero de 2015

Ciclo Jorge Fernández Granados



Los dispersos

y en una equivocada edad donde caminan
los dispersos los que no han abierto
su verdad al mundo aún el resuelto como la quitanza
de lo que todos saben pero no
han pronunciado

perduran o perseveran en lo limpio los dispersos
en la desigualdad del orden donde guardan
como la sed como la musitante sed su avinagrado día
en ese digno
afán con una cifra
en la orilla de los números del mundo

miserables los dispersos reiteradamente juntan
cuatro cosas y el alegre respirón de un aire viejo
se saludan
se sospechan
desde la mutante memoria del amor
o la palabra (cualquier gesto) los agrupa
y los retiene
convidados de piedra confundidos en todo

casi se pierden casi se dan
por omitidos unos a veces
y apagan con los dedos una llama
escriben en la arena dicen que son niños
soplan con el polen transparente
y se ríen
pasan con su piedra ardiente rotan como púlsares
se impacientan se distraen se despiden
los dispersos

unas veces no
los hallaremos más nadie diría petrificados
sus jardines su reloj sus herramientas
su triste manera de mirar algo tan lejos
muy algo tan lejos

qué raros son
los dispersos
a nadie le gusta tenerlos demasiado tiempo cerca
parecen ácido o luz
queman sorprenden incomodan no sabe uno qué hacer
abre la puerta
deja que salgan
toma gracias adiós
y que Dios
te cuide
pero no vuelvas

ruido
ruido en el corazón
de los dispersos
eso
debe pasar porque enmudecen
gritan cantan
sufren se despiertan
porque se van a pie distancias
que nadie quiere caminar
y no se cansan
sólo se mueren a veces
porque en su respiración hay un murmullo que parece canto
una razón
que no los deja vivir que no los deja quedarse
y cómo hacer cómo decirles
que ya no
hay casi lugar
en esta cárcel para ellos



Jorge Fernández Granados (Ciudad de México, 1965)