jueves, 17 de marzo de 2016

Un poema de José Watanabe



Sala de disección

Un cadáver puede provocar una filosofía del ensimismamiento,
sin embargo los estudiantes admirablemente
estaban entusiasmados con su muerto,
lo rodeaban
y discutían con fervor la anatomía de ese cuerpo de piel coriácea.
Yo aprendía otra lección:
la vida y la muerte no se meditan en una mesa de disección.
Los estudiantes me previnieron
que iban a extraer el cerebro. Permanecí con ellos:
a veces soporto lo siniestro sin perturbarme demasiado.
No hay sofisticación instrumental para retirar un cerebro,
una modesta sierra de carpintero
cortó el cráneo a la altura de las sienes,
luego sumergieron el órgano mítico en un frasco lleno de formol.
Yo me dediqué a observarlo, solo, en otra mesa
mientras los estudiantes seguían cotejando su denso libro con el muerto.
Sorpresivamente
una burbuja brillante brotó del interior del cerebro
como un mensaje venido de la otra margen,
y no había boca que lo pronunciara.
No había boca.
La burbuja, muda, se deshizo en ese aire levemente podrido.


José Watanabe
(Pág. 87, Poesía completa, Pre-textos)

jueves, 11 de febrero de 2016

Un poema de Fabián Casas



Thalassa

¡Cuánto admiro a mi amigo Meng!
Li-Po

1

Entonces llegamos acá.
Había sido un poder, se convirtió en un lugar.
Las chinches marchan por las paredes
como soldados.

Tardes de humo de la adolescencia
en las que el Yo comprendió
que se le acababa el negocio
y se asustó.

Nos recordarán como una época oscura.


2

Ellas paseaban tomadas del brazo,
Formaban cadenas que cubrían casi toda la vereda.

Mis bolsillos eran auténticos abismos…


3

El vientre de la rana
abriéndose como una bragueta
bajo las pinzas de la profesora de biología;
la voz en off del Enmascarado:
“Yo soy Rex, Meteoro,
tu hermano mayor”. 


Actores que rechazan papeles 
que después otros llevan hasta la gloria, 
amigos borrados con el Liquid Paper
del Proceso, Las Malvinas y el sida. 


4

Entró al templo con el látigo
y expulsó a los recitadores de poesía,
a los que hacía happenings
e invocaban su nombre en falso
en las antologías.

Nos recordarán como una época oscura.


5

Nosotros que sufrimos de insomnio
tenemos que despertarnos.
Búfalos negros que se acuestan en el zoológico,
esperen.




Fabián Casas (Buenos Aires, 1965)

jueves, 4 de febrero de 2016

Un poema de Lyn Coffin



Kynegeiros 
Para Fotios

Fue después de la batalla de Maratón:
Los griegos habían perseguido a los persas
hacia sus naves: los persas
se retiraban; Grecia había ganado.
Pero la locura de la pelea cayó sobre Kynegeiros:
frenético, trató de subir a una
de las naves persas: se colgó de la borda
con su mano derecha: un persa prontamente
la cortó, así que Kynegeiros se aferró a la borda
con su mano izquierda: también fue cortada. Entonces Kynegeiros
se aferró a la borda con sus dientes,
así que fue decapitado. Kynegeiros,
estoy segura, es mi ancestro, mi fuente,
orgulloso de mí, ahora, en mi cuarto divorcio.  


Lyn Coffin (Long Island, 1943)