jueves, 6 de noviembre de 2014

De la casa



Bolsa negra

Guardo cuatro pantalones, siete
camisas de cuadros y de siempre
en una bolsa negra y brillante.

Al salir del edificio,
sobre la banqueta
un hombre sin pantalones
ni camisa ni siempre
es empacado en una bolsa negra
y brillante.

¿Cuántas muertes cargo
en la mano derecha?
Osamentas de otros hombres que no soy.

¿Quién estará cargando mi propia muerte?



--
Este es un adelanto de mi próximo libro La retórica del llanto, publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro en los próximos días.

lunes, 20 de octubre de 2014

Tres poemas para morirse de la risa: César Vallejo y Eliseo Diego



Trilce XLI

La Muerte de rodillas mana
su sangre blanca que no es sangre.
Se huele a garantía.
Pero ya me quiero reír.

Murmúrase algo por allí. Callan.
Alguien silba valor de lado,
y hasta se contaría en par
veintitrés costillas que se echan de menos
entre sí, a ambos costados; se contaría
en par también, toda la fila
de trapecios escoltas.

En tanto; el redoblante policial
(otra vez me quiero reír)
se desquita y nos tunde a palos,
dale y dale,
de membrana a membrana,
tas
con
tas.




 Me estoy riendo

Un guijarro, uno solo, el más bajo de todos,
controla
a todo el médano aciago y faraónico.
El aire adquiere tensión de recuerdo y de anhelo,
y bajo el sol se calla
hasta exigir el cuello a las pirámides.

Sed. Hidratada melancolía de la tribu errabunda,
gota
a
gota,
del siglo al minuto.

Son tres Treses paralelos,
barbados de barba inmemorial,
en marcha    3    3    3

Es el tiempo este anuncio de gran zapatería,
es el tiempo, que marcha descalzo
de la muerte             hacia           la muerte.



César Vallejo


***


Olmeca

Aquí me tienen, muerto de risa.
     Muerto de risa por las muecas que me está haciendo el
Maestro Escultor para tenerme muerto de risa mientras me
hace el retrato.
     Hasta me ha sacado la lengua. ¡A mí, que soy el Hijo del
Rey!
     Y desde el copito de su cabeza me saca otra lengua que
ciertamente no tiene en el copito de su cabeza.
     Yo estoy muerto de risa.
     Mi hermanita, en cambio, se ha enojado mucho. Y con
sus brazos bien abiertos lo regaña que da miedo.
     Yo, no. Yo estoy muerto de risa.
     Me da risa el Jaguar y me da risa la Serpiente y hasta la
Muerte me da risa.
     Ustedes, los Nuevos, no saben lo que es bueno.
     Tan serios y con las caras llenas de pelos como los monos.
Pero como feísimos monos blancos. Feos monos blancuzcos,
lívidos, con las carotas llenas de pelos.
     No puedo evitarlo. Es descortés, pero ustedes me dan
más risa que nada.
     Es cierto que yo estoy muerto y que ustedes me miran y
están vivos.
     Pero yo estoy muerto de risa.



Eliseo Diego
(Poema encontrado la mañana de su muerte)



La imagen fue tomada de la edición de la Coordinación de Difusión cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1994.

jueves, 21 de agosto de 2014

Ciclo Gerardo Deniz



Programático

Me dan ganas de escribirle acento a orden,
a joven, a heroico y hasta a tenue
para sentirme, unos momentos, de ellos,
pero si lo hago dirán que es por contrariar a la academia
─ y no.
            La tilde de imbécil
o no la de Juan
tampoco me las dicta la academia.
No se dicta el amar ciertas bellezas:
quien en ello la ve se la merece.


Del libro: Mundos nuevos (1991)

Gerardo Deniz (1934)

domingo, 17 de agosto de 2014

Ciclo Gerardo Deniz



Norte

Ésta era tu casa,
donde nunca entré,
que nunca vi de día
cuando hace siglos te acompañaba, tarde,
esperaba que entrases por la puerta donde me he detenido
y volvía, húmedo de ti aún a través de la noche blanda, segura,
porque la certidumbre de tu vida y de tu carne
era un arroyo de leche prodigiosa y confiada.

Ahora es mediodía, azul y nubes;
me da vértigo entender de pronto
que esta calle que hasta hoy no conocí a la luz
fue tuya antes de hallarnos;
luego llegué y dudabas, recorriste esta acera
semanas, pensando a qué nueva extraña prueba someterme;
quizá mirabas aquel balcón de esquina al decidirte
y la siguiente noche que nos trajo aquí juntos
nos había encontrado mezclándonos lejos.

Dormiste aquí dentro entonces como en toda otra fecha;
¿qué repasabas al unir los párpados?
¿qué al despertar en un domingo igual a éste?


Del libro: Enroque (1986)

Gerardo Deniz (1934)