domingo, 4 de junio de 2023

Un poema de Charles Simic

 El juego del escondite

 

No he encontrado a nadie

de la vieja pandilla.

Quizá estén todavía escondidos,

aguantando la respiración

y tratando de no reírse.

 

Nuestra calle ha tenido poca suerte,

tiene rotas casi todas las ventanas

allí donde en las noches de verano

oíamos discutir a las parejas

o las veíamos bailar escuchando la radio.

 

La pelirroja de la que

todos estábamos locamente enamorados

que se sentaba en la escalera de incendios

fumando hasta altas horas de la noche,

también debe de estar escondida.

 

El muchacho flaco

con muletas

que siempre llevaba un libro,

tal vez no haya

ido muy lejos.

 

La oscuridad llega pronto

en esta época del año

y hace muy difícil

reconocer caras conocidas

entre las de los extraños.

 

 

Charles Simic

Traducción de Nieves García Prados 

 


 

 

viernes, 12 de mayo de 2023

Un poema de Natalia Toledo

La muerte pies ligeros

 

El aroma del viento dulce cesó en mi casa.

Quebrados los dedos del sol

solo queda un horno de barro lleno de lama,

su fuego ya no muerde la palma de mi mano.

La boca del olvido está oxidada.

En los ojos de los míos se borrará la sombra

con la que me amaron.

Sobre la espalada de un perro me sentaré para remar en el mar vivo,

daré monedas para el responso a los hombres

que cobran para entrar en donde es tierno el mundo.

Un cántaro llevaré a mi cadera,

llenaré de polvo de chintul mis cabellos

y sobre una piedra me sentaré a extrañar

todo lo que aquí no pude querer.

 



Natalia Toledo

Deche Bitoope / El dorso del cangrejo

Almadía. Segunda edición, 2022.

Pág 43.

viernes, 7 de abril de 2023

El indescriptible cinismo de la poesía, Adam Zagajewski

El universo interior, donde la poesía es la soberana absoluta, tiene la particularidad de ser inefable. Es como el aire; aparecen en él corrientes, diferencias de temperatura y tormentas, pero su propiedad primordial es la transparencia total y absoluta. ¿Cómo actúa, pues, ese universo interior, que es inefable y, no obstante, nada desea tanto como expresarse? Se sirve de un subterfugio. Finge estar interesado, y mucho, por la realidad exterior. ¿Se hunde un gran estado? Estupendo, el universo interior está encantado: ya tiene un tema. La muerte aparece en el horizonte. El universo interior, que se cree inmortal, se estremece de alegría. ¿Una guerra? ¡De maravilla! ¿Un sufrimiento? ¡Albricias! ¿Los árboles? ¿Las rosas marchitas? ¡Todavía mejor! La realidad. ¡Bravo! La realidad es simplemente imprescindible; si no existiera habría que inventarla.

            La poesía se esfuerza por engañar a la realidad; finge preocuparse por sus pesares. Menea compasivamente la cabeza. Ay, otro terremoto—dice—. Oh, una nueva injusticia. Otra inundación, otra revolución. Otra vez alguien ha envejecido.

            La poesía teme que su secreto se descubra. Un día, la realidad se percatará de que el corazón de la poesía está frío. O que la poesía no tiene corazón, sino unos ojos enormes y un oído muy fino. De pronto, la realidad comprenderá que no ha sido para la poesía más que un pozo inagotable de metáforas, y se esfumará. La poesía se quedará sola en el mundo, muda, vacía, triste e intransmisible.

 

Adam Zagajewski

Dos ciudades, pág. 206, Acantilado.

Traducción de J. Slawomirski y A. Rubió 

 

 

martes, 28 de febrero de 2023

Una gota de política, Vladimir Mayakovski

Una gota de política. Una gota porque no es mi especialidad, porque he vivido poco en México y habría que escribir mucho sobre el tema.

            La vida política de México se considera exótica porque algunos hechos resultan paradójicos a primera vista, y a veces adquieren tintes extraños.

El vaivén de presidentes, el voto decisivo del colt, las revoluciones que nunca se extinguen, los sobornos insólitos, la heroicidad de las insurrecciones, la venalidad de los gobiernos, todo esto está presente en México y de sobra.

Antes que nada, tengo que hacer algunas aclaraciones sobre la palabra revolucionario. Para los mexicanos, no sólo es quien entiende o presiente los siglos venideros, lucha por ellos y lleva a la humanidad hacia el futuro; el revolucionario mexicano es cualquiera que derroque el poder con armas en la mano, no importa de qué poder se trata.

Y, como en México cualquiera ha derrocado, está derrocando o quiere derrocar a algún poder, todos son revolucionarios.

Por eso esta palabra en México carece de sentido y si la encuentra en el periódico en relación con la vida sudamericana, hay que investigar e indagar más. He visto a muchos revolucionarios mexicanos: desde jóvenes entusiastas del Komsomol[1] que esconden el colt hasta que llegue la hora y esperan que México siga el camino trazado por la Revolución de Octubre; desde éstos y hasta viejos de sesenta y cinco años que acumulan millones para pagar algún alzamiento tras el que creen entrever que conseguirán el puesto presidencial.

En México existen unos doscientos partidos con algunas curiosidades dignas de cualquier museo, por ejemplo, el Partido de la Educación Revolucionaria de Rafael Mallén, que tiene su ideología, su programa y su comité central pero sólo se compone de él mismo; o los líderes fracasados, que ofrecen al ayuntamiento empedrar una calle entera por su cuenta para que al menos un callejón lleve su nombre.

Desde el punto de vista de los obreros, resulta interesante el Partido Laborista. Es un partido obrero pacífico, cuyo espíritu se acerca al norteamericano Gompers[2], la mejor muestra de cómo se degeneran los partidos reformistas al pasar de la lucha revolucionaria al regateo por las carteras ministeriales, discursos nobles desde la tribuna e intrigas comerciales y políticas en los pasillos.

            Es interesante la figura de uno de los representantes de este partido, el secretario de Trabajo, Morones, que invariablemente sale en todas las revistas con diamantes resplandecientes en el pecho y en los puños de las camisas.

            Lamento no poder ofrecer una descripción más amplia de los comunistas de México.

 

 

Mi descubrimiento de América 

Vladimir Mayakovski

Almadía, 2013. Págs. 59 / 60

Traducción de Olga Korobenco



[1] Organización juvenil del Partido Comunista de la Unión Soviética, inicialmente fundada en Rusia en 1918 y después copiada en otros países.

[2] Samuel Gompers (1850 – 1924) fue un sindicalista estadounidense, creador y presidente de la Federación Americana de Trabajo. Luchaba por mejoras económicas en la vida de los obreros y apoyó varios actos legislativos que restringían la inmigración para evitar la bajada de sueldos.